4 de julio de 2013

MARQUESES DE VISA, DUQUES DE AMERICAN EXPRESS Y BANCOS ALEMANES

"Si alguna vez ven saltar por la ventana a un banquero suizo, salten detrás. Seguro que hay algo que ganar". Si  el autor de la frase, Voltaire, hubiera nacido en esta época, se habría referido sin duda a los banqueros alemanes expertos en sacar rentabilidad de las mayores crisis.
Desde Carlos I de España y V de Alemania han hecho negocios con la ruina de nuestra patria y tanto hoy como ayer, seguimos endeudados con ellos. A pesar de eso, el español si es experto en algo lo es en tropezar con la misma piedra no solo una o dos veces, si no las que hagan falta, por lo que a largo de la historia hemos acudido a nuestros vecinos teutones para que nos sacaran las castañas del fuego (aunque el remedio haya sido peor que la enfermedad). Ya acudimos a las faldas de mamá Alemania cuando nos faltaban los recursos para mantener el imperio, y hace unos años volvimos a acudir a él para proteger y estimular nuestro crecimiento económico tras el desastre producido por la especulación en la construcción.


Los bancos alemanes nos facilitaron unos créditos baratos donde los tipos de interés eran más bajos que la inflación para que así pudiésemos construir miles de viviendas y al mismo tiempo destruyésemos sin darnos cuenta nuestra industria productiva. Una forma muy inteligente y germana de dar y recibir al mismo tiempo.
Cuando desapareció el sueño de construir de forma ilimitada y nos dimos de bruces con la realidad de que las casas no se vendían, recibimos el puntillazo final de ver que nuestras fábricas se encontraban deslocalizadas y nuestra productividad por los suelos. Los alemanes no satisfechos con vernos atrapados en su trampa, nos pidieron que nos apretásemos el cinturón ya que querían cobrar con intereses lo prestado. Y es que nadie, y menos los germanos dan nada sin algo a cambio. Era nuestra responsabilidad pero también la de una banca que no debería habernos concedido un préstamo sabiendo que no podríamos hacerle frente.

Ya les comentamos en nuestros primeros artículos como Alemania pretendía para proteger la estabilidad de sus entidades, que nuestras deudas fuesen sufragadas por todos los europeos, también por los griegos, portugueses e italianos que se encuentran en una situación bien parecida a la nuestra. Creemos que ésta no es la mejor opción, puesto que si una familia o empresa es incapaz de hacer frente a sus deudas, existe una figura muy útil que es el concurso de acreedores, que permite un aplazamiento del pago y una quita para que esa empresa o familia pueda salir adelante y que parte de los acreedores pierdan un porcentaje de la deuda. Pero si existe esta figura ¿por qué no la utilizan los bancos alemanes?. La respuesta es muy sencilla, porque pidiendo dinero al resto de los europeos nos lo facilitan a un interés bajo, para que así podamos hacer frente a nuestras deudas. Para poder ser competitivos y exportar más, tenemos que devaluar nuestros salarios puesto que España al estar integrada en el euro no tiene capacidad de devolución. Esto no significa que debamos dejar el euro, pero sí que habría que plantearse en qué condiciones deberíamos seguir y porqué los bancos alemanes tienen una protección, sobre todo para sus cajas de ahorros, de la que carecen los bancos del Mediterráneo. De esta forma estos préstamos terminan siendo pagados por los "paganinis" de siempre llamados contribuyentes. Es decir, usted, yo mismo y cuantos nos rodean.

Debemos ser conscientes de que todo préstamo al final tiene un plazo y debe ser pagado. Estábamos en el "Gran Casino de amiguetes" que ha sido desgraciadamente España desde siempre, pero particularmente desde el Siglo XIX y el XX, donde el empresario en muchos casos no pensaba en crear un producto y competir si no en conseguir un monopolio del Estado o un arancel que dificultase a otros empresarios nacionales o extranjeros vender sus productos. Esta táctica convertía al consumidor español en un "secuestrado" obligado a comprar productos de más alto precio y baja calidad.
Sucedió ya en el Siglo de Oro, cuando ciudades como Sevilla o Cádiz se impusieron como los principales centros de comercio con las Indias. Como el mundo fue cambiando las trampas también lo fueron haciendo y se adecuaron a los nuevos tiempos a través de lo que se conoce como "Arancel", un impuesto que grava a los productos que son objeto de importación o exportación. Una forma de perjudicar a aquellos comerciantes que importaban o exportaban beneficiando al propio comercio y eliminando las competencias de mercado.

 
En nuestra Guerra de la Independencia, el Duque de Wellington y su vencedor según los anglosajones, dato que no compartimos, no sólo no ayudaba a derrotar a los franceses, si no que en sus días libres quemaba o destrozaba nuestras industrias textiles convirtiendo en hecho el dicho de que Inglaterra no tiene amigos, sólo intereses. Los españoles somos como somos, y a pesar de ello le dimos los títulos de Vizconde de Talavera y Duque de Ciudad Rodrigo, y el mejor cortijo de Andalucía. El interés del Reino Unido, además de derrotar a Napoleón, era vender sus telas de Manchester a los consumidores españoles que en aquella época eran sólo la Burguesía y la Aristocracia puesto que el pueblo difícilmente podía acceder a ese tipo de tejidos.
Durante el Siglo XIX comenzó a desarrollarse en España una incipiente industria textil, sobre todo en el territorio catalán, y rápidamente los empresarios solicitaron unos aranceles que impidiesen la competencia de los textiles de Manchester que tenían mejor calidad y precio y contaban además con la incorporación de la nueva tecnología del vapor.

España ha sido un país absolutamente proteccionista con sus productos hasta su incorporación a la Comunidad Económica Europea. Bien es cierto que durante los primeros años fue necesario establecer unos aranceles que obligaran a las compañías multinacionales a fabricar en España con el aliciente de que los consumidores se encontraban hambrientos de producto y con unos bajos costes laborales que hoy han sido sustituidos por la competitividad basada en la alta productividad de nuestras fábricas.


Nos merecemos un trato igual y que se aplique la Ley del Mercado, que establece que cuando no se pueda pagar un crédito, el acreedor debe participar en esas perdidas. Los bancos alemanes parecen desoír los dictados de esta ley ya que parecen auto considerarse como la nueva aristocracia europea relegando a las entidades españolas y a sus ciudadanos en la condición de ser los nuevos siervos de la plebe o "gleba". Y sí, no podemos negar que hemos gastado en exceso sin haber contado con nuestra incapacidad económica para hacer frente a tantas nuevas infraestructuras como los nuevos trazados de autopistas, la construcción de nuevos aeropuertos y del AVE. Hemos pasado de ser unos hidalgos caballeros a unos "riquillos" con ganas de derrochar y vivir bien hasta convertirnos en nuevos ricos virtuales sin dinero. Pensábamos que los españoles podíamos ser los Marqueses de Visa y Duques de American Express, confiando en los banqueros alemanes y su forma de ayudarnos al estilo de "toma el dinero, gasta, y si no puedes pagar, ya se lo devolverás con tu casa". Y hemos caído sin querer en una trampa de la que aun hoy no logramos escapar.

2 de julio de 2013

DECADENCIA Y AGOTAMIENTO ¿ESTAMOS VIVIENDO UN NUEVO SIGLO DE ORO?

Tal vez el tiempo no es lineal, y como decía el filósofo Friedrich Nietzsche en su obra “Así habló Zaratustra”, lo que en realidad existe es un “eterno retorno” que lleva a que todos los acontecimientos estén condenados a repetirse hasta que los hombres aprendamos de una vez por todas a no cometer los mismos errores. La vida nos da así la oportunidad de renacer de nuestras cenizas, de reinventarnos una y mil veces, pero el ser humano parece no saber aprovechar las oportunidades y es sólo constante en que siempre se equivoca.
Así ha pasado a lo largo de la historia. El final de la primera década del siglo XXI y el principio de la segunda década, será recordada como la época en la que nuestro sueño de haber llegado a situarnos entre las principales potencias económicas mundiales se desplomaba dando paso a una de las mayores crisis económicas, políticas y sociales que ha visto nuestro país.

Pero esta no es la primera vez que sucede. Cinco siglos atrás España se enfrentaba a una situación similar, dejaba atrás el esplendor y la unidad conquistada por los Reyes Católicos y veía poco a poco desmoronarse el sueño y la gloria de haber llegado a ser el imperio en el que nunca se ponía el sol. Hablamos del Siglo de Oro español,  el periodo de mayor apogeo del imperio, una etapa que coincide con el Renacimiento del siglo XVI, y se extiende por el siglo  XVII hasta el reinado de Carlos II. Años también tristes en los que comenzaban a sentirse los primeros síntomas de una decadencia que pondría punto y final al sueño de mantener un reino unido y floreciente que fuera punto de liderazgo y referencia en el mundo.
España lo tenía todo y todo lo perdió. Siguiendo la teoría de Nietzsche se encerró en su "eterno retorno", y el país más poderoso de Europa se fue desmoronando lastrado por la incompetencia y la mala gestión de una Monarquía absolutista más preocupada por incrementar sus arcas privadas que por mantener la riqueza.



La mayor parte del oro y de la plata proveniente de Las Américas fueron utilizados para sufragar guerras perdidas y tapar malas gestiones. La Iglesia se enriquecía tanto como la Nobleza y la Inquisición perseguía sin piedad a una población atemorizada que veía como se iba poco a poco empobreciendo bajo el visto bueno y la venia de un Dios castigador que parecía respaldar las ansias de poder de una Monarquía incompetente.


España se endeudaba con los banqueros alemanes, ¿no nos recuerda a algo ésto?. Sin embargo había un pequeño recodo que no sólo parecía no verse afectado por el desastre si no que crecía alimentándose de él. Nos referimos a las artes y a la literatura. Dicen que las mayores cotas de inspiración y creación se producen cuando hay mayor sufrimiento. Es entonces cuando se liberan "las musas" y dan lugar a las mayores obras de arte, los mayores cantos y creaciones, tal vez como una forma de evasión que sólo busca alcanzar, aunque sea a través de las obras, el sueño de grandeza que la realidad ha destrozado.
Fueron durante estos años en los que la Literatura conoció a escritores de la talla de Miguel Cervantes, Lope de Vega, Luis de Góngora o Francisco de Quevedo, pintores como de la talla de Diego de Velázquez, Francisco de Zurbarán o José de Ribera entre otros y arquitectos como Juan de Herrera. Todos ellos lograron a través de sus obras dar un poco de luz a una de las épocas más oscuras. Así la población se maravillaba ante la grandeza de El Monasterio del Escorial, como muestra de la magnificencia de un país que fue referente en toda Europa. Se evadía a través de la lectura de obras como El Quijote, o se ensimismaban en las pinturas de Velázquez que a través de sus simbolismos mostraban los tejemanejes de una Monarquía que escondía de puertas para adentro sus ansias de corrupción.


Cinco siglos después la situación vuelve a repetirse. Nuestro país se encuentra sumido en una de las mayores crisis que se recuerdan. Jamás nuestras arcas públicas estuvieron tan vacías y con tanto endeudamiento. ¿Acaso será también con los banqueros alemanes como ya sucedió en el Siglo de Oro?.  Además el desempleo y la desesperanza son protagonistas de una población que no logra entender cómo es posible que nos encontremos en este estado.
Las ansias de poder de nuestros gobernantes, y la corrupción que se vive en el seno de nuestros dirigentes han llevado a España a un empobrecimiento sin precedentes. Lejos quedan los sueños de grandeza de un país que se codeaba con los más grandes en la primera línea de fuego. Todos recordamos aquella foto del entonces presidente del Gobierno José María Aznar, fumándose un puro animadamente con su homólogo estadounidense George Bush haciendo ver de forma algo grotesca al mundo entero que España volvía a tener los visos del esplendor que un día perdió.

José María Aznar en la Cumbre del G-8

Hoy ya no hay nada de eso. Carecemos de políticos influyentes en los organismos internacionales, no existen figuras punteras ni líderes que sepan insuflar aires de esperanza en una población cada vez más hastiada. Hemos llegado hasta a perder el cargo de consejero del Banco Central Europeo, porque cómo podría asesorar un país que no es capaz de sacar adelante a sus propios ciudadanos. Nuestros jóvenes talentos se encuentran en paro, y los que son más audaces o pueden permitírselo, dan el salto al Nuevo Mundo, como hacían sus antecesores, en busca de una oportunidad que su propio país les niega.

La mayor similitud que define a ambas épocas es la palabra "agotamiento". En el Siglo de Oro, el pueblo español terminó agotado por la emigración de España para colonizar América, la sangría de las guerras en Europa y la lucha contra los turcos, los grandes impuestos que pagaban las clases trabajadoras y de los que estaban exentos la iglesia y la aristocracia y el cada vez más creciente endeudamiento a manos de los banqueros alemanes que llevó a que en 1609 España se encontrara ante su mayor crisis con un descubierto de 12 millones de Ducados. Ahora nos encontramos en una situación similar. Sufrimos una gran carga impositiva sobre las masas de los trabajadores, un exceso de burocracia unido a una corrupción sin precedentes. Nos sentimos de la misma forma agotados tras vivir años de esfuerzo creyéndonos haber superado a la economía italiana. Vivimos del hastío después del esfuerzo que supuso la industrialización tras la puesta en marcha del Plan de Estabilización de 1959, hasta que nos despertamos del sueño y vimos que nos encontrábamos sumidos en la corrupción, y una burocracia ineficiente, excesiva que se come nuestros recursos y un país endeudado donde no sabemos si seremos capaces de hacer frente a nuestra deuda.


En España no hay una devaluación del euro como sí sucedió en el siglo XVII, pero sí una devaluación interna a través de los salarios. Igual que en el Siglo XVI teníamos los grandes conquistadores de Europa, y ahora sustituimos éstos por las grandes multinacionales españolas a las cuales les deseamos un mejor resultado que el que tuvieron nuestros tercios y conquistadores.
Hoy la unidad española está cuestionada. Cataluña y el País vasco continúan con sus ansias separatistas. Ya en el Siglo de Oro sucedió lo mismo con Portugal y Cataluña, consiguiendo el país luso ser independiente de nuestro Reino. Logró separarse de una España que comenzaba a hacer aguas. La política, la economía, las artes y la sociedad viven en decadencia, sin embargo hay un recodo de esperanza que al igual que sucedía en el Siglo de Oro, ha logrado mantenerse intacto frente a la crisis. Hablamos de el Deporte. Jamás vivió España un mayor florecimiento deportivo como el de los últimos años. Figuras como Rafael Nadal, Pau Gasol, Fernando Alonso, Miguel Induráin, la selección de fútbol española, la de baloncesto, la gimnástica, y tantas y tantas figuras que están devolviendo la ilusión a un país que busca llenar el vacío de la falta de héroes.

El deporte nos hace soñar, evadirnos del pesimismo existencial. Somos nosotros los que metimos el Gol de Iniesta que hizo lo nunca imaginado, lograr coronar a España como campeona del mundo. Muestra de ello fueron aquellas imágenes de un país entero saltando a las plazas de madrugada, en una unión nunca vista antes. Daba igual que al día siguiente hubiera trabajo, o que no pudiéramos tenerlo. España era campeona, éramos felices y eso era lo único que ese día nos importaba. Hoy somos todos los que corremos con Alonso, y los que gritamos junto a Nadal cada vez que consigue un nuevo premio. Nos sentimos orgullosos de ver a Pau Gasol como un igual compitiendo en la NBA. Otra vez un español entre los más grandes.




Hablamos de distintas épocas pero son los mismos sueños. Ha pasado tiempo, pero las cosas no han cambiado. Lo que para el Siglo de Oro fueron las artes y la literatura, hoy es el deporte. Y es que necesitamos soñar, creer que todo es posible. El ser humano necesita evasión, y volver a creer. Algo que nos devuelva la capacidad de sentir que los sueños también se cumplen, y que tal vez, algún día, volvamos a ser los más grandes. Es necesario superar el agotamiento que nos invade.

28 de junio de 2013

EL COMUNISMO CONSUMISTA Y LA FALSA IGUALDAD

Ya lo decía el genial Honore de Balzac "La igualdad tal vez sea un derecho, pero no hay poder humano que alcance jamás a convertirla en hecho". Sólo el Comunismo pretendió que ese sueño de que todos seamos iguales se transformara en realidad. Pero ese sueño terminó siendo "utopía" destructiva.

Cartel comunista
 
Cuando cayó el muro de Berlín todos creíamos que el Comunismo había terminado, y con él su sangrienta aventura de setenta años en Rusia y en los países ocupados del telón de acero. Solo quedaba China, Corea, Cuba y la pequeña Albania como pequeños bastiones resistentes seguidores de las ideas del maoísmo-marxismo-leninismo.
Los intelectuales discutían cual iba a ser el futuro del mundo si una de las ideologías predominantes durante la primera parte del Siglo XX se había mostrado como un "sueño utópico" que se había desplomado. Algunos como Francis Fukuyama se atrevían a manifestar el "fin de la historia", afirmando que ya no veríamos más formas políticas que la Democracia y las libertades más o menos perfectas. Algo así, como el reinado de la libertad democrática.
Pero lo que se creía que era el triunfo de esta libertad, ha terminado siendo el triunfo del igualitarismo algo que ya se hizo ver durante la ilustración de la Revolución Francesa y sus ideales de "libertad, igualdad y fraternidad" manifestando que ya ningún hombre sería menos que otro y por supuesto iguales ante Ley.

La primera igualdad que ha existido fue la igualdad del cristianismo que establecía que todos los hombres son iguales ante Dios, la Revolución Francesa lo perfecciono afirmando que todos los hombres son iguales ante la Ley y el desarrollo del siglo XX continuó con que todos somos iguales equiparando en igualdad de derechos a hombres y mujeres, un hito que no se había llegado a producir hasta el siglo pasado. Y el coetáneo a esta igualdad ha sido la igualdad de oportunidades, el gran motor de la revolución social. Todo el mundo debería poder alcanzar las metas que se proponga en base a su capacidad. Nadie debería quedarse fuera de la sociedad y carecer de la oportunidad de triunfar por no tener los medios idóneos.
El verdadero gran cambio se ha producido a través de la igualdad de oportunidades que lleva a la igualdad social, es decir la posibilidad de que quien nace sin recursos pueda conseguir a través del esfuerzo la posibilidad de alcanzar el lugar del hijo del que sí los tiene. Incluso llegar a sustituirlo en su estatus económico-social.
La naturaleza en sí misma es injusta y desigual, puesto que si hablamos de injusticias, tanto lo es nacer en el seno de una familia adinerada, heredando las posibilidades que ello conlleva sin que medie nuestra decisión si no por mero azar genético, como nacer con las cualidades de ser brillante, inteligente y con carisma, alto y muy guapo ya que también serían atributos que vendrían por condición de nacimiento y puro azar, sin mediar ningún merecimiento.
Luego la "igualdad" de "todos somos iguales", es uno de los mayores engaños que se nos ha contado, si ya por el sólo hecho de nacer, nacemos diferentes. Hay aspectos es los que a no ser que medien factores externos, es imposible superar puesto que imagínese a dos individuos. Uno de ellos alto, de ojos claros, atractivo, y otro hombre más pequeño feo, de nariz abultada, a los que se les compara. Si hablamos de igualdad ¿qué deberíamos hacer? ¿cortarle las piernas al alto, cambiarle los ojos, o romperle la nariz para que se parezca al anterior y ser por tanto iguales? Esta pretendida similitud sería una situación absolutamente injusta.

Brad Pitt
 
Danny Devito

Por eso quienes nos quieren imponer la falsa igualdad lo hacen a través de unas maneras más sutiles que todos aceptamos. Parece que somos personas que vestimos, viajamos, y vivimos de la misma manera, pero al final se nos ha impuesto una forma de vestir a través de unos grandes almacenes para que todos vayamos igual. Lo hacemos como nos marcan firmas comerciales como Zara y HyM, y en las de lujo, más de lo mismo a través de LVMH madre nodriza de todas las marcas de lujo, que han dejado de ser independientes y obedecen todas a una sola directriz, aunque intenten conservar algo de sus orígenes. En la moda la mayor parte de las personas independientemente de sus capacidades adquisitivas, visten de la misma manera, como lo estaban los compradores comunistas en los almacenes vacíos de Moscú. Viajamos de la misma manera desplazándonos en las compañías "low cost" que evidentemente facilitan el viaje, incrementan el numero de pasajeros, y sus desplazamientos. Y hablamos de la "igualdad" y son esos mismos que la defienden, los que hipócritamente luchan contra las emisiones de CO2 y la explotación de los trabajadores textiles en Bangladesh, en aras de una desigualdad de la que ellos mismos participan, viajando en "low cost" y vistiendo marcas que usan talleres en los que trabajan niños o personas hacinadas por un plato de comida.

Tienda de ropa Zara

Fábrica de textiles en Bangladesh
 
Es por ello que la igualdad que define la época en la que vivimos no existe. No se puede hablar de "igualitarismo" y cuando en un mismo planeta existen tantas desigualdades sociales, y que en una distancia de kilómetros, por ponerles un ejemplo en India, convivan los más ricos de los ricos, con los más pobres de los pobres. A pesar de que el dinero está de puertas afueras denostado como lo que más corrompe al hombre, NO EXISTE UN INSTRUMENTO MÁS DEMOCRÁTICO QUE EL DINERO, porque todo el mundo puede ganarlo contando con los ingredientes del esfuerzo, el talento, y la suerte sin necesidad de heredarlo, pudiendo cambiar de manos, no como la herencia de la sangre.

En esta época de Crisis el talento y el esfuerzo puede abrir las puertas de la igualdad. Cierto que no se puede ser el Príncipe de Inglaterra, por una cuestión de mera sangre azul. Pero un hombre humilde, que se esfuerza, tiene talento, y tesón, puede acabar siendo Bill Gates, o el mismo fundador de Apple Esteve Jobs.

                          Steve Jobs                                                                                  Bill Gates

El verdadero cambio social debe nacer a través de la igualdad de oportunidades que permite que los hijos de familias más desfavorecidas ocupe el lugar de los hijos de las familias con más poder económico que no han sido capaces de mantener su posición en la sociedad. Justo desde ahí debe surgir la movilidad social, ese cambio social tan necesario para que tengamos una sociedad dinámica y que no esté anquilosada en la herencia.
Lo que tenemos que hacer es luchar por tener las mismas oportunidades. Por eso nosotros le llamamos el comunismo consumista porque mediante el consumo nos quieren igualar para que nos lo creamos. Estamos regidos por una casta próxima al "polit bureau" con privilegios que no pueden alcanzar el resto de los ciudadanos. Porque ¿es lo mismo comprar una entrada para ver una finalidad del Real Madrid-Barcelona o verlo desde el palco?. Sí, al final se ve el mismo partido, pero seguro que no es la misma situación. Una se paga y otra se tiene por la situación sociopolítica que se tiene. Y esa minoría que nos gobierna, sabe descubrir nuestros más recónditos secretos a través de las nuevas tecnologías, hay que pensar lo que hubiera sucedido si Hitler y Stalin hubieran nacido en plena era tecnológica. Hubieran tenido el dominio absoluto del mundo desde los cuatro costados.
Nosotros creemos que estamos asumiendo el control de nuestras vidas pero la Casta, como dicen los italianos, ha terminado por convertirnos en "aparentemente iguales" terminando por convertirnos más iguales en el vestir, en la casa que compramos, que tienen un diseño similar, en los viajes que realizamos a los lugares y emplazamientos que se nos indica. Cada día somos aparentemente más iguales y cada día la minoría dirigente es más desigual, puesto que tiene una información sobre nosotros y nuestras costumbres que desconocemos y que empieza a ser endogámica e incrementa sus privilegios porque por ejemplo si viajamos en un vuelo "low cost" los asientos serán estrechos y tendremos las mismas dificultades en colocar nuestras rodillas, mientras que en "bussines club" viajará la Casta mientras que el "líder de la Casta" dispondrá de avión privado y puertas de acceso a las llamadas salas Vips.
Por eso repetimos "igualdad' ¿qué igualdad?, ¿Igualdad ante la Ley? ¿hablamos acaso de la necesaria igualdad de oportunidades?. No olvidemos que hemos nacido distintos y al ser conscientes de ello, envidiamos al chico o chica que tiene éxito, por su carisma por su altura o por la forma de expresarse. Esta desigualdad es una injusticia más de la naturaleza que no podemos evitar, y que siempre se habla de ella, pero que no se consigue por lo menos por ahora hasta que la manipulación genética lo permita.

Marilyn Monroe en "Los caballeros las prefieren rubias"

Quién iba a decir que el Comunismo y su idea de ser iguales finalmente desde "ultratumba" y de forma post mortem ha acabado triunfando y que Fukuyama se había equivocado. Lo que se nos ha transmitido en los últimos años es sólo una mera ficción de la igualdad. Estamos como en la Rusia comunista con sus jerarquías, sus ventajas a los dirigentes del partido y del Estado, eso sí con más consumo y con su KGB informática. Por eso queremos repetir aunque parezca una redundancia: El dinero es democrático porque podemos acceder todos a el y la herencia de la sangre es limitada. Una situación que nos recuerda a la mítica frase de la película "los caballeros las prefieren rubias", cuando el padre del novio de la protagonista (Marilyn Monroe) le espeta "señorita está con mi hijo por su dinero" a lo que descaradamente ella le contesta "claro, y él conmigo por mis piernas". Esta frase define la injusticia de unas buenas piernas o la herencia de papá.